ALERTA -2025
Tegucigalpa, Francisco Morazán (C-Libre).- En medio de retrasos en la transmisión de resultados y creciente tensión social, la consejera presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Ana Paola Hall, emitió una advertencia pública dirigida tanto a la ciudadanía como a los medios de comunicación.
Desde su cuenta oficial en la red social X (antes Twitter), Hall señaló: “Pueblo hondureño: los medios de comunicación que están publicando supuestas bocas de urna con declaraciones de triunfalismo, están violando la Ley Electoral, pues no están autorizados por el CNE y, por ello, debe deducirse la responsabilidad correspondiente”.
En el mismo mensaje, recordó que únicamente el CNE está facultado para divulgar resultados oficiales, y que cualquier otra información podría inducir a error o confusión en la población.
Además, se dirigió a los miembros de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) para que permanecieran en sus puestos hasta finalizar el escrutinio y la transmisión de actas, subrayando la necesidad de “cuidar la voluntad popular”.
La advertencia se produce en un contexto donde algunos medios, particularmente aquellos vinculados al Estado o a figuras políticas, comenzaron a difundir supuestas “bocas de urna”, mensajes de triunfalismo anticipado y narrativas de victoria, sin respaldo oficial ni verificación técnica.

A consideración del equipo técnico del Comité por la Libre Expresión (C-Libre), en contextos altamente polarizados, la información deja de ser un derecho para convertirse en un campo de disputa, sectores políticos comienzan a utilizar medios estatales o medios vinculados a liderazgos partidarios como plataformas de propaganda, mientras que al mismo tiempo se criminaliza o intimida la circulación de versiones no alineadas al discurso oficial.
Este escenario afecta directamente el derecho ciudadano a estar informado y crea un ambiente donde la verdad se fragmenta, se instrumentaliza o se impone desde el poder; si bien el mensaje de la consejera va dirigido a “los medios”, el impacto real se extiende a periodistas y comunicadores que cubren el proceso electoral. Así mismo a medios independientes, que enfrentan presión al publicar información no alineada.
Otros sectores como la ciudadanía, se ven afectados pues su derecho a recibir información plural y verificada se altera, el propio sistema democrático, se ve debilitado por la confusión informativa.
C-Libre advierte que la problemática no se limita a la existencia de rumores, sino a la forma en que sectores políticos utilizan medios estatales o medios afines a liderazgos partidarios para imponer narrativas de triunfo, legitimar posiciones de poder o desacreditar versiones alternativas.
Por otra parte, se configura así un doble fenómeno, como ser: la instrumentalización mediática o sea medios que responden a intereses políticos funcionan como amplificadores de propaganda electoral bajo apariencia informativa. Otro de los fenómenos es la presión institucional sobre el discurso, se refiere a que cuando se advierte sobre responsabilidades legales sin procesos claros de auditoría, se genera un clima de autocensura, especialmente en medios pequeños o comunitarios.
La democracia requiere combatir la desinformación, pero no mediante amenazas simbólicas, sino con transparencia, verificación pública y acceso a datos abiertos, de lo contrario, el combate a la mentira se transforma en una forma de censura indirecta.
Es determinante también no perder de vista otros elementos como la censura sutil y miedo informativo, puesto que la censura moderna no siempre prohíbe; muchas veces intimida, condiciona o desalienta y cuando se anuncia que se “deducirán responsabilidades” sin criterios públicos claros, se instala un mensaje implícito: informar puede tener consecuencias.
Lo anterior provoca autocensura en periodistas, homogeneización del discurso, dependencia de una sola fuente y reducción del debate democrático. En un proceso electoral, donde la información es poder, limitar la pluralidad informativa equivale a limitar la participación ciudadana.
C-Libre, concluye que estos hechos se desarrollan en un escenario marcado por retrasos en la transmisión de resultados, circulación masiva de información no oficial en redes sociales, polarización política, denuncias de irregularidades, conflictos entre versiones institucionales y narrativas partidarias.
En lugar de fortalecer la confianza con apertura informativa, se observa una tendencia a cerrar el debate mediante advertencias y control del relato.
Frente a estos hechos, C-Libre considera que la desinformación no se combate con amenazas, sino con transparencia, los medios estatales o partidarios no deben funcionar como plataformas de propaganda, puesto que el control del discurso debilita la democracia y la pluralidad informativa es parte esencial de la voluntad popular.
Finalmente como institución que promueve y defiende la libre expresión y la libertad de prensa recuerda a todos los sectores de la sociedad hondureña que sin libertad de información no hay elecciones legítimas, por lo tanto se recomienda; garantizar acceso público a datos electorales verificables.
También evitar el uso político de medios estatales, no estigmatizar a periodistas ni medios críticos, fortalecer auditorías abiertas del proceso electoral y proteger la diversidad informativa, de ahí que cuando la información se administra desde el poder y no desde la transparencia, la democracia se convierte en un relato controlado, el problema no es solo quién publica primero, sino quién decide qué puede publicarse.
Combatir la desinformación no debe significar restringir la libertad, sino ampliar el acceso a la verdad, C-Libre reitera que sin pluralidad informativa no existe voluntad popular real.



